julio 1, 2025

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Una investigación reciente ha confirmado algo que los amantes de los perros siempre han intuido: los perros no solo aprenden a comunicarse con nosotros, ¡nacen con esa capacidad!

Durante las pruebas, los científicos descubrieron que incluso los cachorros, sin entrenamiento previo, pueden entender gestos humanos como señalar un objeto o mirarlo. En lugar de guiarse por el olfato —como se pensaba tradicionalmente—, los perritos seguían las pistas visuales y sociales que les daban las personas para encontrar recompensas.

Lo más impactante es que el 43% de esta habilidad para seguir gestos y mantener contacto visual tiene origen genético, lo que demuestra que los perros están biológicamente preparados para conectarse con nosotros desde muy temprana edad.

Además, los investigadores señalaron que los perros responden mejor cuando se les habla con un tono agudo, como el que usamos instintivamente con los bebés. Esto, sumado a la convivencia y al afecto, refuerza una relación única basada en el apego y la comunicación, muy parecida al vínculo entre padres e hijos.

🐾 Una vez más, la ciencia confirma lo que sentimos todos los días: los perros no son solo mascotas, son compañeros que nacen listos para querernos y entendernos.

1 de julio de 2025

Estados Unidos — En una edición histórica del Mundial de Clubes que se disputa en suelo estadounidense, seis equipos ya han sellado su pase a los cuartos de final. Pero más allá de los goles, hay un tablero geopolítico que se mueve entre las canchas, reflejando la influencia global de las grandes potencias deportivas y financieras.

Fluminense, al derrotar al Inter de Milán, no solo mantiene viva la esperanza brasileña, sino que revalida el poder del fútbol sudamericano en una competición cada vez más dominada por intereses europeos y árabes. Palmeiras, su compatriota, también avanzó tras dejar atrás al Botafogo en un duelo con tintes de “guerra civil” paulista.

Del otro lado del océano, Europa impuso su hegemonía tradicional. Chelsea superó al Benfica en un partido interrumpido por una tormenta, que muchos en redes sociales no dudaron en comparar con la actual crisis política en la UEFA tras los recientes escándalos de corrupción. Bayern Munich fue implacable con Flamengo y demostró que, aun con nuevas figuras y directores técnicos renovados, el modelo alemán sigue siendo una maquinaria eficiente… dentro y fuera del campo.

PSG, representante del poder financiero qatarí, pasó por encima del Inter Miami con una contundente victoria 4‑0. Un resultado que no solo eliminó al equipo de Messi y Beckham, sino que puso en entredicho el impacto real del “soft power” estadounidense en el fútbol global, a pesar de su rol como país anfitrión.

Pero la gran sorpresa —y quizá la jugada más simbólica del torneo— vino de parte de Al Hilal, el club saudí que eliminó al mismísimo Manchester City, brazo deportivo del emporio emiratí. En un encuentro digno de un conflicto diplomático, Arabia Saudita se impuso a Emiratos en su propio terreno: el fútbol. Un mensaje directo en un contexto de tensiones energéticas y económicas entre los dos países del Golfo.

Aún quedan dos enfrentamientos por definir: Real Madrid vs Juventus y Borussia Dortmund vs Monterrey, cuyos resultados completarán el mapa de unos cuartos de final que, más que nunca, parecen una cumbre internacional de potencias deportivas con agendas que trascienden el balón.

Porque en este Mundial de Clubes 2025, cada pase, cada falta y cada gol se escriben también en el lenguaje del poder hegemónico mundial

La sorpresiva y violenta muerte de José Miguel Castro, exgerente municipal de Lima y aspirante a colaborador eficaz en el caso Lava Jato que involucra a Susana Villarán, abre una grieta profunda no solo en la investigación judicial, sino en la confianza pública respecto al sistema de protección de testigos en el Perú. La principal interrogante que emerge —y que debe ser resuelta con rigor y transparencia— es si Castro fue víctima de un homicidio premeditado o si se trató de un suicidio en un contexto de presión legal y mediática.

En un escenario de criminalidad compleja como el peruano, donde los procesos por corrupción de alto nivel se entrecruzan con intereses económicos y políticos muy arraigados, no puede descartarse ninguna hipótesis. La forma de su muerte —una herida cortante profunda en el cuello con un arma blanca— resulta inusual para un suicidio, tanto por la violencia del acto como por el lugar donde fue hallado el cuerpo. Esto ha llevado a especialistas en criminalística y juristas a insistir en que debe investigarse con prioridad la posibilidad de un asesinato.

Castro no era un personaje menor en el expediente Villarán. Era el nexo operativo entre la exalcaldesa y los aportes ilícitos de las constructoras Odebrecht y OAS, y su testimonio estaba en proceso de ser formalizado como colaboración eficaz, lo que podía inclinar el peso de la acusación fiscal. Su eventual declaración tenía potencial de implicar a otros actores políticos y económicos. Desde ese punto de vista, la posibilidad de un crimen silenciador no es descartable.

Por otro lado, la hipótesis del suicidio también tiene fundamentos. Según el fiscal José Domingo Pérez, Castro no había expresado temor por su seguridad en recientes reuniones, pero es conocido que enfrentaba un proceso judicial largo y de alto perfil, con implicancias familiares, sociales y personales. La presión psicológica, sumada al desgaste emocional, puede haber generado un cuadro de desesperación, aunque la violencia de la escena —según reportes preliminares— no se alinea del todo con los patrones habituales de suicidio.

La responsabilidad ahora recae en el Ministerio del Interior y el Ministerio Público. La escena del crimen debe ser analizada sin margen de error y con absoluta independencia. Si se llegara a confirmar un homicidio, el mensaje sería devastador: ni siquiera los aspirantes a colaboradores eficaces están seguros en Perú. Y si se trató de un suicidio, habría que preguntarse hasta qué punto el sistema de justicia está preparado para acompañar y proteger psicológicamente a quienes optan por colaborar.

Sea cual sea la verdad, lo que está en juego no es solo el futuro del caso Villarán. Está en juego la credibilidad de todo el aparato judicial anticorrupción. Y eso exige que esta muerte no quede atrapada entre la sospecha y el silencio.

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