junio 18, 2026

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El arranque del Mundial 2026 dictó una sentencia de contrastes para el fútbol sudamericano. Tras concluir la primera fecha de la fase de grupos, el balance general enciende un poco las alarmas por el rendimiento de las seis selecciones de la Conmebol, pues solo Argentina y Colombia lograron revalidar su jerarquía y sacar la casta para posicionarse firmemente en el camino hacia la clasificación.
El balance terminó siendo algo opaco para Sudamérica y toda la Conmebol, debido a que de seis participantes, solo dos debutaron con victoria, dejando un complejo 33% de éxito en estos primeros juegos.

La vigente campeona del mundo, Argentina, no dejó margen a las dudas y firmó un sólido 3-0 frente a una combativa Argelia con hat-trick de Lionel Messi, en un juego fluido y contundente, el combinado liderado por Lionel Scaloni.

Los argentinos ratificaron su cartel de candidato y dejó prácticamente pavimentado su acceso a la siguiente ronda. Por su parte, Colombia tuvo que batallar más de la cuenta en un trámite físico, pero impuso sus individualidades en los momentos clave para inclinar la balanza 2-1 ante Uzbekistán, sumando tres puntos de oro que le permiten respirar con tranquilidad.

Colombia, mejor que Ecuador, Brasil, Paraguay y Uruguay

La otra cara de la moneda la vivieron los gigantes del continente que tropezaron inesperadamente en el estreno. Brasil y Uruguay apenas pudieron rescatar discretos empates 1-1 ante Marruecos y Arabia Saudita, respectivamente.

Ambas escuadras lucieron inconexas en ofensiva y sembraron dudas operativas que las obligarán a ajustar tuercas de inmediato si no quieren complicar prematuramente su permanencia en el certamen.

El panorama más sombrío, sin embargo, quedó reservado para Ecuador y Paraguay. El combinado ecuatoriano sucumbió por la mínima (0-1) ante el vigor físico de Costa de Marfil, hipotecando su margen de error en un grupo sumamente parejo.

Peor aún fue el destino de la Albirroja, que sufrió una dolorosa e inapelable goleada por 1-4 a manos del anfitrión, Estados Unidos, quedando relegada al fondo de la tabla con la urgencia histórica de una reestructuración inmediata.



Lo cierto, es que la primera fecha ha terminado y, mientras Argentina y Colombia avanzan con paso firme, el resto del continente queda bajo estricta advertencia.Resultados equipos sudamericanos en Mundial 2026

Colombia 3-1 Uzbekistán
Argentina 3-0 Argelia
Uruguay 1-1 Arabia Saudita
Brasil 1-1 Marruecos
Ecuador 0-1 Costa de Marfil
Paraguay 1-4 Estados Unidos

A pesar de la escalada, se informó de un intercambio de cuerpos entre Ucrania y Rusia, con 552 cadáveres entregados a Ucrania, lo que revela la continua complejidad del conflicto.

La agencia estatal rusa TASS reportó lo que calificó como el mayor ataque contra Moscú en al menos dos años de guerra entre Ucrania y Rusia. Según se informó, varios drones formaron parte de la escalada, que alcanzó una importante refinería moscovita, provocó incendios en la capital rusa y perturbó la operación de los principales aeropuertos.

Sheremétievo, el aeródromo más importante de la nación, tuvo que evacuar a pasajeros antes de reabrir horas después. Otro dron se estrelló contra un edificio de apartamentos en la zona de Zhukovski. Además, los restos de otro causaron un incendio en un centro comercial cercano a la capital, informó el gobernador regional Andréi Vorobiov.

La acción ucraniana coincidió con la reunión que el presidente Vladimir Putin mantuvo con los líderes del suroeste asiático en la ciudad de Kazán, cerca de la capital. Cabe indicar que esta no es la primera vez que Kiev realiza un movimiento de este tipo durante un evento internacional, como sucedió en San Petersburgo durante un importante foro económico.

Solo el martes, Ucrania lanzó un avance con aeronaves no tripuladas contra la misma refinería MNPZ, la cual cubre un tercio de las necesidades de combustible de Moscú.

Ucrania en busca de venganza

“Si Ucrania arde, su Moscú también arderá”, así describió el presidente Volodimir Zelenski las acciones en territorio ruso. «Lo más importante es que el pueblo ruso empieza a sentir que es un hombre, (Vladimir) Putin, quien libra esta guerra, mientras que la gente ordinaria paga el precio», añadió en un mensaje de audio enviado a la prensa.

Asimismo, se estima que la escalada forma parte de una respuesta a los bombardeos rusos sobre infraestructura civil, como el reciente impacto en una catedral de Kiev.

Por otra parte, bajo un tono de exigencia, el mandatario —quien se encuentra en Bruselas para participar en reuniones con el conocido grupo Ramstein— reiteró su oferta para declarar un alto al fuego inmediato y sentarse a negociar el fin de la guerra.

Intercambio ininterrumpido

Pese al delicado panorama, Ucrania notificó que Rusia entregó 552 cadáveres, en su mayoría combatientes caídos, según señaló en Telegram el Centro ucraniano encargado de los prisioneros de guerra. Los fallecidos aún deberán ser identificados, precisó el comunicado.

Por su parte, Kiev entregó 33 cuerpos rusos, según el diputado ruso Chamsail Saraliev, miembro del grupo de coordinación parlamentaria sobre el conflicto, citado por el medio RBK.

Cabe indicar que el último intercambio de restos tuvo lugar a mediados de mayo, cuando la administración de Zelenski señaló haber recibido 528 cuerpos entregados desde el frente ruso. También hubo intercambios de prisioneros en mayo y junio: primero, 205 y luego 185 prisioneros por cada bando.

Mientras el Perú real sangra por la delincuencia, el Perú politiquero sigue peleando por el poder. El gran olvidado continúa siendo el ciudadano de a pie.

La noticia de hoy vuelve a poner sobre la mesa la pregunta más incómoda de la política peruana: ¿qué tan desconectados están nuestros dirigentes de los problemas reales del país?

Mientras candidatos, partidos y operadores políticos dedican horas a disputas electorales, impugnaciones, estrategias de campaña y cálculos de poder, millones de peruanos enfrentan una realidad mucho más urgente: trabajar sin ser extorsionados y volver vivos a casa.

Las cifras deberían encender todas las alarmas. Durante el 2025 se registraron más de 25 mil denuncias por extorsión y alrededor de 2,451 homicidios a nivel nacional, equivalente a casi siete asesinatos por día. Además, los homicidios crecieron respecto a los años anteriores, evidenciando que la violencia criminal sigue siendo uno de los mayores desafíos del país.

Más allá de los debates estadísticos sobre aumentos o reducciones temporales, existe una realidad que ningún peruano necesita que le expliquen: la extorsión ha dejado de ser un delito aislado para convertirse en un problema estructural que afecta al transporte, al comercio, a los pequeños emprendedores e incluso a sectores culturales y artísticos. Diversos reportes muestran que las denuncias por extorsión se han multiplicado varias veces en los últimos años y que la presencia del crimen organizado se ha expandido en distintas regiones del país.

Sin embargo, la inseguridad rara vez ocupa el lugar central que merece en el debate político. Se habla más de quién ganará una elección que de cómo recuperar las calles. Se discute más sobre alianzas partidarias que sobre inteligencia policial. Se invierte más energía en la confrontación política que en la construcción de una estrategia nacional contra el crimen organizado.

La consecuencia es evidente: mientras la política sigue concentrada en la conquista del poder, la ciudadanía percibe que el Estado pierde terreno frente a organizaciones criminales cada vez más violentas y mejor organizadas.

El Perú no necesita más campañas permanentes. Necesita liderazgo. Necesita instituciones capaces de enfrentar a quienes han convertido el miedo en un negocio. Necesita gobernantes que comprendan que la seguridad no es un tema más de la agenda pública, sino la condición básica para que exista libertad, inversión, trabajo y desarrollo.

Porque cuando un comerciante paga cupos para sobrevivir, cuando un transportista trabaja bajo amenaza o cuando una familia teme que un ser querido sea la próxima víctima, el problema ya no es solamente policial. Es un fracaso político.

Y ese fracaso no distingue colores, partidos ni ideologías. Termina golpeando, como siempre, al peruano de a pie.

La pregunta final seria y ¿Dónde están los candidatos que dicen amar a sus pueblo y solo aparecen en campañas electorales y cada vez por partidos diferentes?

la xcosas por su nombre y Sin Mordaza.

Walter Ayala presentó una demanda de amparo para dejar sin efecto los resultados del voto en el exterior, alegando que fueron realizados bajo una norma que «nunca debió existir». La acción judicial reabre el debate sobre la estabilidad de las reglas electorales y el respeto a la voluntad popular

A pocos días de conocerse los resultados electorales, una nueva controversia amenaza con trasladar la disputa política a los tribunales. Walter Ayala, vocero de Juntos por el Perú, ha presentado una demanda de amparo para anular los votos emitidos por los peruanos en el extranjero, argumentando que el proceso se desarrolló bajo una resolución que carecería de sustento legal.

Aunque Ayala insiste en que no está denunciando fraude, el efecto práctico de su demanda sería extraordinariamente grave: cuestionar la validez de miles de votos ya emitidos y contabilizados por ciudadanos peruanos residentes fuera del país.

En cualquier democracia, las reglas electorales pueden ser objeto de control judicial. Sin embargo, cuando una impugnación se presenta después de realizados los comicios, surge una pregunta inevitable: ¿por qué no se cuestionó la norma antes de que los ciudadanos acudieran a las urnas?

El problema de fondo no es únicamente jurídico. También es político. Si cada resultado adverso termina derivando en intentos de anular votos o reinterpretar las reglas una vez concluida la elección, la confianza en las instituciones electorales se deteriora progresivamente.

Los peruanos en el exterior no son ciudadanos de segunda categoría. Su voto tiene el mismo valor constitucional que el emitido en Lima, Cusco, Arequipa o cualquier otra región del país. Por ello, cualquier intento de invalidar esos sufragios debe estar sustentado en argumentos jurídicos excepcionalmente sólidos y no en conveniencias coyunturales.

La democracia no solo consiste en votar; también implica aceptar reglas previamente establecidas y respetar la voluntad expresada por los ciudadanos, incluso cuando los resultados no favorecen a determinados sectores políticos.

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