CUSCO: MEDIO SIGLO DE PROMESAS, MAQUETAS Y MENTIRAS

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Aeropuerto, gas, túnel y cemento: los megaproyectos que los políticos utilizaron durante décadas mientras el Cusco siguió esperando desarrollo real

El Cusco pertenece a la segunda categoría.

Porque mientras el Perú entero convierte al Cusco en postal turística, vitrina cultural y orgullo nacional ante el mundo, millones de cusqueños siguen viviendo entre infraestructura precaria, caos urbano, servicios insuficientes y proyectos eternamente inconclusos.

Durante más de cincuenta años, presidentes, ministros, gobernadores y alcaldes vendieron la idea de un “gran salto al desarrollo”. Lo hicieron con discursos solemnes, maquetas espectaculares y primeras piedras que muchas veces terminaron siendo lápidas del engaño político.

La tragedia no es solo económica.
Es moral.

Porque el Cusco aprendió a escuchar promesas como quien escucha una misa repetida:
con esperanza primero, con resignación después y con rabia finalmente.

EL AEROPUERTO DE CHINCHERO
EL PROYECTO QUE DEMORÓ MÁS QUE MUCHOS POLITICOS

La idea del Aeropuerto Internacional de Chinchero comenzó a tomar fuerza desde fines de los años setenta. Desde entonces, prácticamente todos los gobiernos prometieron convertirlo en “la gran puerta aérea del sur peruano”.

Han pasado más de cuatro décadas.

Y durante buena parte de ese tiempo, el proyecto avanzó menos que la propaganda que lo rodeaba.

Las cifras del absurdo:
El aeropuerto Alejandro Velasco Astete llegó a soportar más de 3 millones de pasajeros al año, pese a haber sido diseñado para mucho menos.
Antes de la pandemia, el Cusco recibía cerca de 4 millones de visitantes anuales entre turismo nacional e internacional.
El turismo representa aproximadamente entre el 13% y 15% del PBI regional cusqueño.
El proyecto de Chinchero supera hoy inversiones proyectadas de varios miles de millones de soles.

Y aun así, después de décadas:

cambios de contrato,
arbitrajes,
denuncias,
observaciones técnicas,
y escándalos políticos,
el aeropuerto sigue siendo símbolo de lentitud estatal y promesa reciclada.

El caso más crítico ocurrió en 2017 con la polémica adenda del contrato Kuntur Wasi, cuestionada por la Contraloría y que terminó convirtiéndose en una bomba política nacional.

Mientras tanto, el Cusco siguió creciendo turísticamente usando una infraestructura aeroportuaria que muchos especialistas calificaban ya como insuficiente y riesgosa.

CAMISEA
EL GAS QUE ENRIQUECIÓ AL PERÚ… PERO NO CAMBIÓ LA VIDA DEL CUSCO
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Camisea representa una de las mayores contradicciones del modelo peruano.

El Cusco posee una de las reservas de gas natural más importantes de América Latina. Sin embargo, durante años miles de familias cusqueñas siguieron cocinando con balones costosos mientras el recurso salía de su propia tierra.

Datos que evidencian la contradicción:
Camisea produce aproximadamente más del 90% del gas natural del Perú.
El proyecto ha generado miles de millones de dólares en ingresos para el Estado peruano.
El gas natural permitió reducir costos energéticos e impulsar industrias en otras regiones.
Pero la masificación domiciliaria del gas en Cusco avanzó lentamente y sigue siendo limitada en comparación con Lima.

En términos simples:

el Cusco produce energía para el país, pero no recibió proporcionalmente el desarrollo prometido.

El Gasoducto Sur Peruano fue vendido como:

industrialización del sur,
revolución energética,
empleo masivo,
y desarrollo histórico.

Terminó paralizado entre:

corrupción,
Odebrecht,
arbitrajes,
intereses políticos,
y una incapacidad estructural del Estado peruano para ejecutar obras estratégicas sin convertirlas en escándalo.

La sensación regional quedó instalada:
el Cusco entrega riqueza, pero el poder central administra los beneficios.

EL TÚNEL DE LA VERÓNICA
CINCUENTA AÑOS DE DISCURSOS ATRAVESADOS POR LA MONTAÑA
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Pocas obras resumen mejor el abandono estructural del Cusco profundo que el Túnel de La Verónica.

El proyecto prometía unir eficientemente:

La Convención,
Quillabamba,
Santa Teresa,
y la selva cusqueña.

Cada campaña electoral repetía el mismo libreto:

integración económica,
reducción del aislamiento,
impulso agrícola,
modernización regional.

Pero la realidad fue otra.

Algunos datos reveladores:
La ruta del Abra Málaga supera altitudes cercanas a los 4,300 metros sobre el nivel del mar.
Las lluvias, derrumbes y nevadas afectan constantemente la transitabilidad.
La provincia de La Convención concentra una enorme producción agrícola y energética estratégica para el país.
Sin embargo, la conectividad vial continúa siendo históricamente deficiente.

Los estudios advertían:

complejidad geológica extrema,
inversiones multimillonarias,
necesidad de planificación de largo plazo.

Entonces ocurrió lo habitual:
el proyecto dejó de ser prioridad técnica y se convirtió en simple bandera electoral.

El resultado:
medio siglo después, el túnel sigue siendo más discurso político que realidad.

LA FÁBRICA DE CEMENTO
EL SUEÑO INDUSTRIAL QUE EL CENTRALISMO NUNCA QUISO CONSOLIDAR
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Durante décadas, políticos cusqueños prometieron la instalación de una gran fábrica de cemento regional.

La idea tenía lógica:

Cusco crece urbanamente,
el sur demanda infraestructura,
existe mercado,
hay expansión inmobiliaria constante.

Entonces la pregunta era inevitable:

¿Por qué el Cusco no podía convertirse también en un polo industrial?

Pero el proyecto quedó atrapado entre:

intereses económicos,
falta de decisión política,
conflictos ambientales,
y centralismo empresarial.
Datos que explican el trasfondo:
El mercado cementero peruano históricamente estuvo dominado por pocos grupos económicos.
Lima concentra gran parte de la actividad industrial nacional.
Aunque el Cusco es una de las regiones con mayor crecimiento turístico y urbano del país, su industrialización sigue siendo limitada.

El resultado fue el mismo de siempre:
estudios, anuncios, campañas… pero no transformación estructural.

EL VERDADERO PROBLEMA:
EN EL PERÚ SE INAUGURAN DISCURSOS, NO OBRAS

El drama cusqueño no puede explicarse únicamente por corrupción.

La raíz del problema es más profunda:
el Perú desarrolló una cultura política donde prometer genera más rentabilidad electoral que cumplir.

Aquí:

las maquetas ganan elecciones,
las primeras piedras producen titulares,
y las obras inconclusas terminan convertidas en paisaje cotidiano.

Cusco es quizá el ejemplo más brutal de esa tragedia nacional.

Porque mientras el mundo admira:

Machu Picchu,
Sacsayhuamán,
el legado inca,
y la riqueza cultural cusqueña,

muchos cusqueños siguen esperando:

gas barato,
infraestructura moderna,
integración vial,
hospitales eficientes,
e industrialización real.
CONCLUSIÓN
EL CUSCO QUE EL PERÚ EXHIBE… PERO NO TERMINA DE RESPETAR

El Perú utiliza al Cusco como símbolo nacional ante el mundo.

Pero internamente, demasiadas veces lo trató como una región a la que se le puede ofrecer desarrollo indefinidamente sin cumplirlo por completo.

Ese es el fondo de esta historia.

Porque detrás de cada megaproyecto inconcluso no solo hay cemento faltante o túneles inexistentes.

Hay generaciones enteras que crecieron escuchando que el progreso estaba “a punto de llegar”.

Y después de medio siglo, el Cusco sigue esperando.

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