junio 12, 2025

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  • Quienes nos gobiernan y quienes lo intentan

En las últimas décadas, cualquier atrevido o atrevida ha llegado a dirigir la administración pública gracias a la complicidad —o negligencia— de los partidos políticos. Lejos de aplicar filtros para evitar que improvisados ocuparan cargos importantes, muchos partidos se convirtieron en trampolines para oportunistas. Así, en lugar de fortalecer la democracia, fueron cómplices del deterioro institucional, permitiendo el ingreso de personajes sin preparación, sin compromiso y, muchas veces, sin escrúpulos.

La verdadera política es servicio. Es entrega. Significa poner una parte de nuestra vida al servicio del pueblo que nos vio nacer. Es asumir decisiones difíciles, diseñar soluciones a problemas estructurales y actuar con visión de país. Pero lo que se ha impuesto es la politiquería, esa versión perversa de la política donde todo se reduce al cálculo personal, al interés del grupo, a la repartija disfrazada de gobernabilidad.

Los politiqueros no llegan solos. Llegan avalados por elecciones que, aunque se llaman democráticas, en realidad son una rutina obligatoria en la que el ciudadano vota por descarte, sin información, sin opciones reales. En un país verdaderamente democrático, el voto debería ser facultativo, libre y consciente, no una obligación formal que valida lo inviable.

Ahora que se avecinan nuevas elecciones en los tres niveles de gobierno, ya vemos cómo se repite la historia. Vuelven las mañas, las promesas huecas, las candidaturas recicladas. Y, con ellas, las mismas preguntas de siempre:
¿Quiénes son los nuevos atrevidos que quieren gobernarnos sin preparación ni principios?
¿Quiénes son los que buscan repetir el plato sin haber demostrado capacidad, sin haber cumplido siquiera lo prometido?

A todo esto, se suma la decadencia de los partidos políticos. Hoy no son semilleros de líderes ni espacios de debate ideológico. Se han convertido en franquicias electorales, en vehículos sin rumbo ocupados por caudillos de turno. No hay programas, no hay formación, no hay visión. Solo alianzas coyunturales, listas hechas a dedo y estrategias de marketing que apelan a la emoción, pero no a la razón.

Frente a este panorama, la sociedad no puede seguir como espectadora. La ciudadanía debe despertar y asumir un rol activo: informarse, participar, fiscalizar. No basta con votar cada cierto tiempo. Hay que recuperar la política como herramienta de transformación, como servicio real al bien común.

En definitiva, solo recuperando la política en su sentido más noble será posible desterrar la politiquería que hoy contamina nuestras instituciones y limita nuestras posibilidades de desarrollo.

Las cosas por su nombre Sin Tapujos ni Ambages

Lima, 12 de junio de 2025 – La crisis de credibilidad en Palacio de Gobierno se agudiza. El reconocido cirujano plástico Mario Cabani, quien atendió médicamente a la presidenta Dina Boluarte, ha emitido una carta notarial explosiva en la que acusa a la mandataria de ser una mentirosa compulsiva, de ocultar intervenciones quirúrgicas estéticas, y de firmar resoluciones de Estado mientras se encontraba sedada en una clínica privada.

Cabani no solo desmiente a la presidenta, sino que la emplaza públicamente a reconocer que mintió al país y a dejar de hostigar a su equipo médico. En un acto sin precedentes, el cirujano asegura que Boluarte estuvo bajo sedación anestésica por una cirugía múltiple en el rostro, lo que hace imposible que haya podido firmar documentos oficiales el 29 de junio de 2023, fecha en la que —según registros del Ejecutivo— emitió resoluciones como jefa de Estado.

“¿Cómo pudo firmar resoluciones si estaba dormida bajo los efectos de la anestesia?”, se lee en la misiva legal, donde también se exige un peritaje técnico para aclarar este punto crítico que podría tener implicancias legales y constitucionales.

Pero el escándalo no queda ahí.

Cabani también denuncia que él y su equipo fueron amenazados para guardar silencio, y que recién en una fecha posterior, el procedimiento fue pagado en efectivo por un abogado de confianza de la presidenta, identificado con el apellido Portugal.


Crisis moral y política

La carta notarial, fechada el 9 de junio de 2025, ha sido entregada a la Comisión de Fiscalización del Congreso, en medio de una investigación que ya cuestiona la transparencia de la presidenta Boluarte en sus actuaciones privadas y públicas. El documento exige que se reconozca formalmente:

  • Que Boluarte sí se sometió a una cirugía estética múltiple y funcional.
  • Que mintió en sus declaraciones públicas.
  • Que difamó al cuerpo médico que la atendió.
  • Que incurrió en posible suplantación de funciones al firmar resoluciones mientras no estaba en condiciones físicas ni legales para hacerlo.

¿Mentiras de Estado?

La acusación de Cabani no solo erosiona la imagen pública de Dina Boluarte, sino que plantea una pregunta de fondo: ¿Puede gobernar alguien que recurre sistemáticamente a la mentira para encubrir actos personales y comprometer el funcionamiento del Estado?

Cabani, quien hasta ahora había mantenido un perfil bajo, rompe el silencio y saca a la luz lo que podría convertirse en un escándalo de falsificación de actos públicos, abuso de poder y corrupción encubierta.

Con esta denuncia, Dina Boluarte queda retratada —según el propio médico que la atendió— como una “mentirosa compulsiva”, incapaz de separar lo personal de lo institucional, y dispuesta a manipular incluso su historial médico para evitar rendir cuentas.

Y a Ud. ¿Qué le parece?

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