junio 10, 2025

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¿Nos hemos convertido en una sociedad llena de funcionarios y autoridades indolentes e indiferentes?

No ha pasado ni una semana desde la muerte de un indigente en nuestra tierra, y hoy somos testigos de otro caso desgarrador: un anciano abandonado, en pleno corazón de una ciudad que se prepara para las fiestas del Cusco.

Mientras las autoridades ajustan sus trajes, organizan desfiles y se preocupan por el brillo de la celebración, nuestros adultos mayores —aquellos que construyeron la sociedad que hoy disfrutamos— son dejados en el olvido. ¿Es este el progreso del que tanto se habla?

Una sociedad que celebra mientras deja morir o sufrir a sus más vulnerables no está avanzando: está fallando. Y ese fracaso no puede pasar desapercibido.

Debemos exigir más que discursos: necesitamos políticas con rostro humano, funcionarios con empatía, y acciones que coloquen al ser humano por encima del espectáculo.

El desarrollo no se mide solo en luces, turismo o folklore. El verdadero desarrollo se mide en cómo tratamos a quienes menos tienen.
Hoy, más que nunca, urge levantar la voz.

¿Y usted, qué opina?

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