Colapsa EsSalud: la salud pública como rehén de la incompetencia

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Por más comunicados que publique el Ejecutivo o promesas vacías que repita el presidente ejecutivo de EsSalud, lo cierto es que el sistema de salud peruano, especialmente el asegurado, ha tocado fondo. Lo que vemos en hospitales como el Rebagliati no es una huelga médica más: es una radiografía del colapso sanitario, resultado de años de negligencia y politización descarada.

En Lima, faltan al menos 499 enfermeras, según datos del propio gremio. Una sola enfermera, en palabras suyas, atiende hasta 12 pacientes a la vez. ¿Es eso una atención digna? ¿Es eso medicina o una ruleta rusa?

Y mientras los pasillos se llenan de enfermos sin camas, sin camillas, sin jeringas y sin medicinas básicas, las oficinas de EsSalud siguen llenas de gerentes con sueldos de 25 mil soles que nunca han pisado una emergencia.

Según cifras del Ministerio de Salud y la Defensoría del Pueblo, el déficit de personal médico en el país supera los 24 mil profesionales a nivel nacional. Y el presupuesto destinado a salud en 2025 —aunque incrementado en cifras— sigue representando apenas el 3.2% del PBI, muy por debajo del estándar mínimo recomendado por la OMS: 6%.

Pero nada de esto parece importar a los responsables. Porque el señor Acho Mego, presidente de EsSalud, no ha dado la cara, mientras los asegurados esperan un examen cardíaco para septiembre de 2026 o ven suspendidas sus cirugías oncológicas por falta de anestesia. En pleno siglo XXI, una paciente recibe la notificación de cancelación de su operación por WhatsApp. Esto no es un sketch. Es el Perú.

Más de 12 millones de peruanos están afiliados a EsSalud. Pagan religiosamente sus aportes. Pero cuando enferman, el sistema les responde con colas eternas, salas colapsadas y una respuesta institucional que bordea el cinismo.

Los gremios médicos han denunciado que el 40% de los equipos de los principales hospitales de EsSalud están inoperativos o mal mantenidos. Mientras tanto, se siguen nombrando directivos por cuota política, se tercerizan servicios en condiciones oscuras y se reparte el presupuesto entre favores y lobbies.

¿Dónde está el Congreso? ¿Dónde está la Contraloría? ¿Dónde están los que se llenaban la boca hablando de «modernización del Estado»? Se esconden. Se reparten cargos. Callan.

Y mientras tanto, la salud pública sigue secuestrada por la corrupción, la ineptitud y el cálculo político. Y como siempre, los que pagan la cuenta son los de abajo. Los que no pueden pagar una clínica. Los que no pueden esperar un año más. Los que solo quieren vivir.

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